Apretón de manos. Sonrisas satisfechas. Felicitaciones y parabienes. La negociación ha resultado todo un éxito. El local, en una ubicación inmejorable. Las condiciones, ventajosas para ambas partes. El cambio, necesario. Todo en favor del progreso. Los tiempos cambian, los gustos mudan. Hay que adaptarse. Papá se equivoca. Es la mejor opción posible. No cabe otra. Si no llega a ser por nosotros… El mercado evoluciona. El mercado demanda. El mercado pide. Y hay que ofertarle en consonancia. Ha sido un precio justo.
En la calle, frente a la fachada del viejo y augusto local, un anciano llora en silencio, tragando lágrimas que le saben a hiel. Acaban de convertir su viejo café en otra sucursal bancaria. Acaban de matar al testigo de sus recuerdos, de su legado, de su vida, de su historia. Acaban de matar su sueño y, con él, los sueños de muchos otros. ¿Ha sido un precio justo?
Marzo-abril 2008 ©